viernes, 6 de junio de 2025

ARTIFICIAL PROGRESO SOSTENIBLE

Al igual que todos los seres vivos, los humanos somos dependientes del medio físico y cualquier cambio nos afecta. Por suerte, los cambios naturales son bastantes predecibles, es por ello que ha sido posible el rápido desarrollo científico y tecnológico. No ocurre lo mismo con nuestras sociedades, somos totalmente impredecibles, movidos por un complejo mundo de ideas en las que aparecen ciertas paradojas. Entre ellas se da la circunstancia que hemos desarrollado nuestra cultura modificando el entorno natural usando la técnica como herramienta. A este proceso le hemos llamado progreso y es considerado como un gran logro. Como en el momento presente somos conscientes del deterioro ambiental, confiamos en esa misma técnica para modificar lo modificado, cuando el proceso no deja de ser el mismo, aunque más acelerado, lo que nos aleja más de ese entorno predecible propio de nuestra especie. El verdadero motor de este proceso es económico, se entiende que es la causa por la que nuestros gobernantes no pueden levantar el pie del acelerador, expresado como “desarrollo sostenible”. Aunque esto no depende solamente de sus decisiones, ni es predecible, ya que todo lo que envuelve a la economía es totalmente inseguro por estar al albur de decisiones de personajes con motivaciones incluso irracionales: nacionalismo, religión, etc.
Foto atribuida a Michelangelo Buonarroti en Pexels


¡Cuando se imaginó que el pacifismo verde europeo se transmutara en belicista y pronuclear! Independientemente de las motivaciones racionales o irracionales. Lo evidente es que el uso del miedo reduce la reacción del contribuyente cuando se le exprime, para satisfacer a los lobbies de la industria militar estadounidense, y la culminación última sería la toma del control de la soberanía nacional por los financieros a través de la deuda. El paradigma actual de este proceso de actualización económica es “la lucha contra el cambio climático” convirtiéndose en un principio fundamental para los discursos de los gobiernos. Lo delirante es que se use a la ciencia (la física, básicamente) como coartada política, para anular a los críticos tildándoles de negacionistas de la ciencia. Cuando traduciendo el discurso se entiende perfectamente que se habla básicamente del principio de que el flujo económico no puede pararse. Como discurso económico es necesariamente discutible pero al anularse la crítica (contrario al método científico y poco democrático) lleva a la esquizofrenia a la sociedad en su conjunto, el resultado es imprevisible, como el reciente apagón. Pues temerariamente se antepone la ideología a la seguridad para que finalmente (e irónicamente), se restituyera el sistema eléctrico incremento el consumo de combustibles fósiles. NIÑOS EN UN CHARCO En nuestra sociedad, plena de derechos y bienestar, podemos ser totalmente extravagantes en nuestras relaciones sociales, irracionales en nuestras decisiones cotidianas, como niños en un charco, locos pero inofensivos, gracias a que sabemos separar el lado hedonista y divertido, por lo que nadie quiere que el médico que te ha de curar, el arquitecto que haga tu casa, el policía o el abogado que te ha de defender, sea un poeta, filosofo o artista antes que un profesional. Por tanto, nos dejamos seducir por aquellos capaces de crear una realidad paralela, un relato colorido que toque nuestro sentimiento sin que esto necesariamente nos perturbe. Salvo cuando en lugar de personajes inofensivos que buscan prestigio y admiración social, codician el poder total: tanto material como moral sobre ti. Nos dejamos narcotizar y arrastrar por estos políticos pupulistas que, como grandes artistas de la farsa, se crean el personaje que aúna al poeta de las ideologías, sofista intelectualoide, lider mesiánico y patriota de banderas. Estos actores y directores se alían con los productores de la farsa, aquellos que ostentan el poder económico. Todo este sistema se vale de la propaganda en los medios, mediante una cohorte de esbirros y secuaces canceladores, señaladores, creadores de contenido, constructores de mundos ideales, de relatos maniqueos que generan en ti la necesidad de salvación de desastres por venir de cualquier origen, sean los otros (de otra ideología, credo o nacionalidad), o de las fuerzas de la naturaleza (virus incluidos). Es así como se configura una experiencia vital en la que lo importante no es la realidad material tangible, sino un ideal que generalmente se proyecta como “el futuro”. Vivimos el sueño de las promesas y le llamamos progreso. Este inconformismo con la realidad nos arrastra al charco, en donde nuestra ansia de alcanzar nuestros sueños nos confunde y puede hacernos perder los que con esfuerzo nos legaron nuestros padres. Aquello que es dado, no tiene valor. Lo tiene (valor comercial) solamente lo que ha sido creado aunque sea una burda copia de lo que la naturaleza nos regala, tan simple como el agua mineral etiquetada y comercializada. Puede ser completamente inútil; no importa, es arte. Puede ser estúpido o irracional; no importa, como es algo nuevo es progreso. Detrás subyace la actitud de un ser motivado por lo irracional, vanidoso y codicioso. Un antropólogo identificó en un hallazgo lítico de hace cientos de miles de millones de años, la primera muestra de vanidad representada por un punta de lanza tallada en sílex tan extraordinariamente grande como inútil. Este sentido peyorativo ¿No será porque se trataba de un Homo erectus? ¿En qué se diferencia de la categoría actual de arte? (imagen mano con agua escurriendo El que mucho abarca, poco aprieta. Y el inconformista que rebasa su capacidad suele terminar perdiendo lo que creía tener asegurado) En todo caso este antepasado nuestro era plenamente consciente de su realidad física, no podía ser de otra forma, le era vital para poder sobrevivir. ¿Son nuestros jóvenes plenamente conscientes de su realidad física? En su mundo lo más básico está asegurado, se compra en el supermercado y para ellos no hay conciencia del origen natural, todo viene de una fábrica. Esta falsa imagen se hace realidad cuando consumen básicamente alimentos procesados, de tal forma que admitirán cuando llegue la carne artificial o la harina de grillo. Son urbanitas, que desprecian al mundo rural y a su gente, que viven el progreso como una superación de la forma de vida tradicional y que han asimilado el principio deletéreo de éste con todo eso que no requiere de nuestra mano y carece de valor comercial como el aire, la flora, la fauna, el agua y el paisaje; sin embargo, el coste de su restitución es inimaginable. ¿O no? Depende de lo que entendamos por coste. Pues el mercado sí que pone a todo valor y entonces recordemos que uno de los principios más amorales del capitalismo es el de producir escasez para incrementar el negocio. Pongamos por caso que sea la energía, el alimento; pero también puede ser el suelo, el agua, hasta el mismo paisaje, fauna, flora. Tal vez hasta el aire que respiramos si se lo proponen, ¿no ocurre ya con una parte de él? Analice como detrás de cada buena noticia ambiental, hay una realidad oculta y silenciada a veces tan obvia como contradictoria. Es así que en las nuevas energías calificadas como verdes, solamente se valora su lado positivo y global (reducción de gases de efecto invernadero) pero no todo el impacto que suponen sobre la naturaleza y el mundo rural local. Aquí, como decía Saint Exuperi: Lo esencial es invisible. Un ejemplo. Recordemos como los medios celebraban el nacimiento de linces de biberón mientras se ignoraban los espontáneos nacimiento de linces en libertad en Sierra Morena. La gran diferencia entre ambos, además del elevado coste del primero, es que lo más valioso, las relaciones ecológicas, ni se ven ni están en el mercado. De nada serviría salvar la parte genética del animal si no conservamos su ecología. En consecuencia, si aún hay linces será principalmente porque disponemos de estos ecosistemas con animales reproduciéndose de forma natural. Repito, solamente se valora lo que está en el mercado. ¿Cuál es la última consecuencia de la mercantilización de la naturaleza? Los sentimientos a veces nublan la razón. Ante el sufrimiento de Bambi se condena la caza, cuando la mayor matanza es privarles de su hábitat. En este sentido resulta grotesco que se ponga el énfasis en el calentamiento global y no en la profunda modificación de los ecosistemas y la alteración de las relaciones ecológicas. ¿Si esto vale para el lince porque no para el ser humano? Lo irónico es que los jóvenes urbanitas usen el eslogan de “salvar el planeta” cuando lo cierto es que el planeta les sobrevivirá, y serán ellos las principales víctimas de la desnaturalización. Van con orgullo al transhumanismo, a la alienación del ser humano dentro de una cárcel de hormigón asfalto. Si hubiese consciencia, buscaríamos los beneficios de volver a la sencilla vida en el ámbito rural y exigiríamos la igualdad de oportunidades para poder vivir conforme los ritmos de la naturaleza, en el campo. Por eso es evidente que el enfoque debería centrarse en aquello que tenemos cercano, en la planificación territorial de nuestros campos para que continúen manteniéndonos. Al contrario, las políticas globalistas que posibilitan mantener o incluso incrementar nuestros consumos en base a explotar los recursos lejanos conducirán a una desastre ambiental global, mientras nos lamentamos por el planeta ¡vaya ironía! ¿Acaso estamos ciegos? La mejora ambiental que ha producido nuestra legislación tiene como contrapartida deslocalizar la producción y contaminación en otros lugares de los que nos proveemos de alimentos, material primas y productos industriales. Es así, puro cinismo ambiental global. Cuando la porquería está lejos de casa, no nos importa. El progreso como ideología, se construye en el paradigma de la obsolescencia, requiere del continuo cambio para que no te conformes y compres lo nuevo, engañándote con una ilusión de que será mejor y luego te llevas el chasco, como el nuevo sistema operativo que se cuelga, o el nuevo coche al que le aparecen unas averías electrónicas que para ti no tienen sentido. Entonces, no parece extraño la importancia que se le da a la IA, pues parece imperioso que aparezcan máquinas para la toma de decisiones. Lo que demuestra lo mucho que se ha rebajado la calificación de inteligencia. (imagen planeta o luna. Y dicen que si perdemos la habitabilidad terrestre encontraremos cobijo en otros planeta. Es ridículo pensar que nuestra sociedad sea incapaz de mantener su casa (La Tierra), que ha sido regalada por nuestros padres y que seamos capaces sin embargo de habilitar una nueva en otro planeta. ¿Estamos locos o nos tratan como imbéciles? UE. ESCENARIO BÉLICO En geopolítica no puedes jugar de farol, las cartas están boca arriba. Sería estúpido mostrarte desnortado y débil ante un enemigo, más aún crearte enemigos innecesarios. Entonces, dado que no son estúpidos, habría que concluir que nuestros dirigentes de la UE demuestran que no defiende a los europeos. En todo caso, estos que tan estirados se mueven, son simples marionetas de los verdaderos poderes económicos y estos del caos. Pues “caos” es la incertidumbre donde no se observa una relación lineal entre causa y efecto. Tanto que el aleteo de un mariposa forme un huracán a miles de kilómetros, como que un “accidente” o un atentado de falsa bandera, haga estallar la caldera de un Maine, conduciendo a un conflicto armado. ¿A qué les suena tantas referencias al nazismo y a la URSS en el conflicto ucraniano? Se suele olvidar que durante la segunda guerra mundial entre los aliados contra la Alemanía nazi se encontraba la URSS a sabiendas que luego se convertiría en el enemigo. Por tanto, no es cierto que los aliados defendieran la democracia contra el totalitarismo, pero hubiera sido poco inteligente enfrentarse a la vez a Hitler y Stalin, cuando sabíamos que ambos acabarían enfrentándose a pesar de tener una alianza que les permitió invadir y repartirse Polonia. Por eso permitieron que las tropas soviéticas realizaran crímenes horrendos contra los polacos, se anexionaran las repúblicas bálticas y lo intentaran con la inocente Finlandia. En definitiva, la URSS hizo tanto como Alemania para merecer la declaración de Guerra. El resto, ese discurso de los aliados como los salvadores de las libertades, no es más que un relato posterior. Para España, Rusia y Ucrania son países de la Europa del Este. Tenerlas como aliados o enemigos no nos trae tanto beneficio como ser neutrales con ellos. Nuestros intereses geoestrátegigos se contraponen a los intereses de los países de UE vecinos de Rusia o, a los económicos de digamos la UK. Aún más, la política del Gobierno a este respecto sirve para echar más tierra sobre la dañada Constitución Española, la verdadera garante de nuestra democracia. ¿Es que ningún político va a sacar a relucir el artículo 8 CE? Nuestras fuerzas armadas son defensivas, y únicamente para asegurar nuestra independencia e integridad territorial no de las de otros países ni mucho menos de valores políticos. Los dos infames de bigotes también usaron el subterfugio de la defensa para atacar a personas, colectivos o países pacíficos ¿vamos a convertirnos en policías del mundo? ¿Es el uso de la violencia lo que proclama la señora del pony? ¿Acaso los EEUU cuando van de sheriff no buscan siempre intereses económicos? Que la ideología atenta contra el bienestar del pueblo, incluso cuando el pragmatismo así lo evidencia, es evidente en el caso del enfrentamiento entre Alemania y la URSS durante la IIGM, dada la muy fructífera alianza comercial que para ambas potencias había justamente antes. Así se se entendió como necesaria crear la CECA como el primer paso para evitar una tercera guerra entre Francia y Alemania. La actitud agresiva de la diplomacia no es una actitud independiente de un modo de hacer política basada en posiciones alejadas del bien común por su radicalidad y falta de pragmatismo. Como es la forzada apuesta por las renovables y el coche eléctrico, como tiro en el pie europeo, hundiendo una de nuestras principales industrias, haciéndonos dependientes de China así como de otros países “pobres” que van a producir los alimentos que dejamos de cultivar con la pérdida de competitividad de nuestra agricultura y la “panelización“ del campo. Todo lo que mueve un país (mano de obra) o lo defiende, depende ahora de gente joven de cultura no Europea (así cayó la gran Roma) por la falta de reemplazo de población europea. Se dice que no podemos tener hijos por una cuestión económica (mire la natalidad de los países pobres), incluso que no es bueno traer hijos al mundo por el incremento del consumo. Son sandeces, cuando lo que hacemos es suplir nuestros hijos por perros y gatos, las mascotas son parte de nuestra familia que ya cuentan con su propia ley. Por tanto, en los hogares sin niños se consumen alimentos equivalentes a las necesidades de familias con varios hijos. Perros y gatos son cuidadas con alimentos iguales (literalmente los mismos) al de nuestra alimentación en calidad y origen, además de toda una industria de los complementos como chuches, juguetes, ropas etc. Requieren de clínicas veterinarias, todo tipo de material sanitario (vacunas, medicamentos), peluquerías, parques, etc. Puesto que no hay política, ni se espera, para sostener nuestro futuro como pueblo y cultura por la falta de reemplazo de población europea. Debemos colegir que no nos importa el futuro de Europa, pero si el futuro del planeta. ¿no es sorprendente? FANATISMO Y CAOS Estamos rodeados de fanáticos, son familiares, amigos y vecinos. Es un fenómeno social, nadie reconoce su fanatismo cuando estás dentro, los fanáticos son los otros. Así que podríamos decir que todos reconocemos el fanatismo ajeno y que nadie quiere que le impongan el fanatismo de otros. Si observamos la definición de fanatismo de la RAE: apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas. Por tanto, el fin de los principales fanatismos es su imposición social. En consecuencia, una sociedad demócrata y avanzada ha de protegerse para evitar el triunfo de los fanáticos. Es más, si consideramos que ha habido un progreso social, tendría que haberse encontrado e implantado medidas en el sistema para evitarlo. Me temo que repasando la historia reciente de Europa, no lo parece, recuerden como una minoría de bolcheviques en Rusia o nazis en Alemania forzaron a la sociedad a su fanatismo. Ya se sabe, cuando los que te rodean comulgan, es difícil escapar a la comunión. Lo más evidente se encuentra en la historia de las religiones. Pero dejemos de lado los credos, y centrémonos en la política dentro de un sistema democrático. Tendríamos que retroceder a la antigua Grecia en donde encontramos además de los orígenes de ciertos conceptos básicos de la democracia, la importancia del dialogo como medio para convencer a través del razonamiento. No es que los filósofos y especialmente los matemáticos, nos señalen el método, también entre ellos hubo fanatismos. Pero, parece que por primera vez en la historia aparece como principio el convencimiento por medio del dialogo y la razón. Siendo así que el parlamentarismo se nos presenta como el lugar en el que mediante el dialogo y haciendo uso de la razón se lleguen a acuerdos para legislar mejor en beneficio del pueblo soberano. ¡Ja! Es evidente que no es así, por lo que el sistema falla totalmente. Pudiendo llegar a un punto en el que lo que llamamos democracia no se parezca ni en las formas. Pensará usted que, vale con el diagnóstico, pero lo importante es la solución. Yo no la tengo, pero si que, como ocurre con problemas como el alcoholismo, el primer paso es admitir el problema. Cuando seamos conscientes todos, especialmente afiliados o simpatizantes, y exijamos que no queremos votar a fanáticos, será el principio de corregir el camino. Todos sabemos que la mayoría de la ciudadanía no es fanática, aunque bastante tolerante. Cabría plantear cómo diferenciar el fanatismo que destruye la convivencia de lo que es un respetable punto de vista ideológico. El primer rasgo distintivo es querer, des la minoría, imponerse sobre la mayoría, violentando la soberanía popular mediante normas. Sería un rasgo antidemocrático demasiado tolerado por los propios simpatizantes y totalmente admitido por nuestro sistema (en España se legitima un gobierno con el voto de no más de 3 de cada 10 del censo electoral). Otra característica es la imposición moral acompañado de una supuesta pedagogía correctora. Esta última se realiza con la propaganda en los medios y se lleva al curriculum escolar. Si analizamos la realidad actual en nuestro país o en la UE, parece evidente que estamos inmersos en el fanatismo mas delirante. Principalmente lo observamos con una cultura extraña (originada en las élites intelectuales de las universidades norteamericanas) como la woke, perfecta para definir el abuso de la minorías, ya que pretende imponer normas a la mayoría desde su minoría fanática, además de centrarse en los derechos de ciertas minorías. Esta cultura entra con el gobierno de Zapatero y es ahora cuando se evidencia con leyes sectarias como la “Ley del sí solo es sí” o la “Ley del bienestar animal” que además, han resultado fiascos al conseguir lo contrario a lo que proclaman. En el caso de la UE, es principalmente la normativa ambiental y agrícola que parece muchas veces dictada por un enemigo de Europa para hundirnos. Pues nos imponemos restricciones para un problema global como prohibir los coches de combustión cuando nuestra repercusión es prácticamente irrelevantes a nivel global, no así el daño a la industria del automóvil. Pero incluso más irracional es la política energética, principalmente de Alemania que ahora quema literalmente carbón porque no ha sido capaz de tener una estrategia de descarbonización realista. ¿Ahora pretende que se le solucione el problema con el hidrógeno español? Me temo que, igual que con el coche eléctrico apuestan a una ruleta pues no tenemos aún la tecnología adecuada para que esto funcione. En el caso español lo hemos visto con el apagón, que ha sido claramente por anteponer la ideología. Puesto que no es producir los kilowatios necesarios de renovable, es conseguir cubrir las demandas mientras el sistema se mantiene estable, sin apagones o sobresaltos. Cosa fácil de obtener con la convencional (térmicas, ciclo combinado de gas, hidroeléctrica y nuclear), algo más difícil con eólica y muy difícil con fotovoltaica. Recordemos que esta última ha crecido mucho en los últimos años incluso en los tejados de nuestras casas, que están conectados a la red eléctrica. La mayor muestra de fanatismo es la imposición de que todos los coches sean eléctricos a partir de 2035. Se trata de un asunto muy trabajado, es normal que haya sido bastante asimilado por la opinión pública, además que se reviste de un halo científico que realmente es engañoso, no se trata ciencias físicas, sino política económica, algo totalmente discutible. Porque, no nos engañemos, la política económica es un metadrama cuyo guión es una metamentira, en el que los mismos actores condicionan su papel con su actuación. En geoeconomía, los poderosos aspiran a crear la profecía autocumplida. Ya que nos vamos a referir a las políticas energéticas, les recuerdo que en la década de los 70 tuvimos la “gran crisis del petróleo”. Desde ese momento se ha alertado continuamente del fin del petroleo y ha sido el calentamiento climático el que ha dejado de lado este discurso por el nuevo.

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