Es
una obviedad que nuestra realidad tiene el sentido físico de lo tangible, aquí
y ahora. Por eso las ciencias físicas presentan limitaciones al entendimiento
objetivo. Ocurre cuando jugamos con el tiempo y el espacio, ya sea cuando nos movamos por la inmensidad
del Universo o por la estructura intima de la materia por debajo del átomo, se
pierde el contacto directo con la realidad humana, la comprensible para todos,
pues estamos ya con entes metafísicos.
Sin
embargo, también nos encontramos con dificultades parecidas cuando pretendemos
estudiar nuestro entorno como sistema. Esto fue lo que pasó en el siglo pasado
durante el desarrollo de la ecología como un conocimiento integrador del medio
físico. Ecólogos como Ramón Margalef llevaron hasta donde pudieron el
conocimiento holístico aplicando sus conocimientos de física y matemáticas
avanzadas hasta que aquello se quedó estancado por su complejidad.
Ahora
hay una confusión muy propia de la posmodernidad de todo lo que está
relacionado con nuestro medio físico que llamamos “medio ambiente” en el que el
ente estrella es el Cambio Climático Global (CC). Esto es, tomamos datos
físicos como temperaturas, niveles de CO2 atmosférico y creamos
modelos con potentes computadoras que simulan la naturaleza. También no movemos
por el tiempo, retrocediendo buscando datos proxy para nuestros modelos o
hacemos predicciones como los centímetros de elevación del mar a fines del
presente siglo.
En
definitiva creamos entes que no existen en el mundo físico como el clima global
o la temperatura media del planeta.
| Fotografía de Zelch Csaba. Pexels. |
A partir de este constructo, como llaman los posmodernos a las creaciones sean científicas o sociales (que para ellos es igual) se establece un lenguaje en el que es posible mezclar todo, especialmente lo sentimental con lo sensorial. Convirtiendo, por ejemplo al CC, en una especie de verdad revelada que ha de imponerse, sin que haya que entenderla sino creerla. La consecuencia directa de la crítica, muchas veces por el mero escepticismo que le corresponde al científico, se produce el señalamiento como “negacionista” lo que en nuestra cultura europea presenta una fuerte connotación peyorativa por su origen relacionado con la distorsión de los crímenes nazis.
Por
tanto resulta imposible tratar el CC sin entrar en ese abuso del lenguaje
pseudo científico. Como ejemplo tenemos el uso de colores para denominar al
hidrógeno: gris, azul, verde, rosa, turquesa, blanco...
Pues
el hidrógeno verde es el obtenido con
energía fotovoltaica.
¿Por
qué hidrógeno? El hidrógeno es un combustible que no es nuevo, pero que
raramente se ha utilizado por ciertos problemas técnicos que no parecen haberse
solventado.
El actual impulso político del hidrógeno verde deriva del Pacto Verde Europeo y de grandes corporaciones que esperan hacer negocio con ello. Con los precedentes en este asunto de las políticas ambientales europeas y en particular de la descarbonización, deberíamos mostrarnos suspicaces ante los que nos señalan su transición ecológica animándonos a comer insectos mientras se meten entre pecho y espalda chuletones de buey ¿No creen? Nos dirán que no sabemos lo que nos perdemos, porque no los hemos probado. Ciertamente una vez se imponga en la cultura. ¿Acaso alguien encontró placer la primera vez que el humo del tabaco pasó a sus pulmones?
Pongamos en su justo lugar el hidrógeno verde:
Ø No es una fuente de energía alternativa a los combustibles fósiles. No, no soluciona el problema de encontrar sustitutos al gas, gasóleo o gasolina.
Ø Es una medio de transporte de energía. En este caso de una energía obtenida en plantas fotovoltaicas.
Ø Como medio de transporte genera muchos problemas técnicos que reducen su eficacia. El hidrógeno requiere de comprimirlo mucho para almacenarlo y transportarlo dada su baja concentración en condiciones normales, lo que consume mucha energía; es un gas que corrosivo con el acero y otros metales; y fuga fácilmente por el diminuto tamaño de sus moléculas, lo que hace imposible su almacenamiento durante mucho tiempo.
Ø La fuente para obtenerlo es agua por electrólisis, por lo que la producción del hidrógeno verde consume agua de calidad, no vale el agua de mar o una contaminada.

Fotografía de Eva Bronzini. Pexels
Conclusiones que podemos extraer:
Parece que no tiene mucho sentido que se use como sustituto del gas natural para generar electricidad por motivos obvios, pues para eso se usa la fuente eléctrica original de la planta fotovoltaica. No obstante, podría ser provechosa su aplicación en turbinas de generación dentro de un sistema de dominancia de la generación eléctrica fotovoltaica, por dos motivos concretos:
u Generar electricidad sincrónica que den robustez a un sistema cargado de fuentes de energía fotovoltaica y evitar así caídas como el apagón de 28 de abril de 2025.
u Servir de almacén diurno de la energía solar para transferirla durante la noche al quemar el hidrógeno en las turbinas.
En estos casos, la eficacia depende de la cercanía a la planta eléctrica.
No parece que el hidrógeno verde venga a usarse en vehículos o transporte público, cuando estos ya pueden usar directamente la electricidad. Su mayor aplicación podría estar en la industria, produciendo calor y moviendo máquinas térmicas. Pero el alejamiento a los lugares de producción lo hacen poco rentable. Algunos estudios ven hasta un 80% de perdidas inevitables. La alternativa es convertir el hidrógeno verde en amoniaco, pues cambia todo. Es una sustancia fácil de transportar que a temperatura ambiente es líquida y podría ser usada como combustible aunque tiene problemas ambientales importantes: es corrosiva con los metales, incluido el acero y su combustión produces gases muy tóxicos (NOx). Entonces, habría que volver a separar el hidrógeno del nitrógeno, un procedimiento costoso que requiere de la ruptura molecular a alta temperatura y presión (craqueo).
En
definitiva, el uso del hidrógeno plantea muchas dudas que no veo que se estén
planteando medios y gobernantes.
Como contraste, pensemos que disponemos de tecnologías sostenibles con emisiones netas de carbono cero, validas para todo tipo de motores térmicos actuales, como nuestros vehículos utilitarios, sin apenas cambios que son el biogas, biodiesel y el etanol. Sorprende que no se haya apoyado más, pues no habría que cambiar prácticamente nada ni de los vehículos ni de la cadena de suministro. Todos tenemos derecho a ser soñadores, pero nuestros gobernantes deberían ser algo más pragmáticos y pensar en el medio ambiente, pues cambiar todo el parque de automóviles por eléctrico es ya de por sí un enorme impacto ambiental.
En todo caso, ya que la justificación es ambiental hagamos un repaso ecológico usando la mismas coordenadas globalistas, de las que antes he prevenido por ser modelos ideales. Comparemos el riesgo global que supone el gas carbónico con la promesas del hidrógeno verde.
Como saben la quema de combustibles fósiles ha incrementado el contenido de CO2 atmosférico, que supone un incremento en el efecto invernadero y su consecuencia es el cambio del clima en todo el planeta.
Aquí
el problema es verificar hasta que punto esto está ocurriendo, ya que el clima
de cualquier lugar es variable de forma natural. Piense que ese gas convertido
en un problema es la base de las estructuras de la vida sobre el planeta,
formando desde bosques a montañas e islas
En un ciclo cerrado, llamado ciclo del carbono. Si embargo, en este
ciclo hay almacenes en forma de hidrocarburos que son los combustibles fósiles.
Por lo que, quemando estos combustibles la actividad humana sigue formando
parte del ciclo del carbono.
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| Gran Arrecife de Coral . F, de Eclipse Chasers en Pexels |
Y
no estamos con las concentraciones más altas que haya habido sobre la Tierra.
Tanto es así que los organismos verdes aprovecharán mejor el CO2 si
este aumenta, es decir, han evolucionado para concentraciones mayores a las
actuales.
En todo caso el clima es más complejo que una relación entre este gas y las temperaturas. Lo entenderán con una única reflexión, hace solamente 12.000 años (ayer en términos geológicos) Europa estaba desolada por el hielo, O, sabemos que el Sol no ha dejado de incrementar su radiación calorífica, de tal forma que hace 4.000 millones de años radiaba un 30 % menos energía. Es decir, ha habido una capacidad extraordinaria del planeta de buscar el equilibrio (homeostasis) para mantenerse dentro de las temperaturas moderadas para la vida, sin un final por congelación ni por calor infernal durante estos varios miles de millones de vida sobre la Tierra.
El Torcal de Antequera. Rocas calizas formadas por organismos marinos fijadores de carbono.
Foto del autor.
Ahora entremos en la ecología del hidrógeno. Curiosamente va paralela a la del carbono. En el proceso de la fotosíntesis aparece por un lado el gas carbónico y el agua. En concreto 6 moléculas de gas y 6 de agua para formar una molécula de glucosa y emitir 6 de oxigeno.
Aquí aparece el hidrógeno como parte de la molécula del agua, no obstante etimológicamente es generador de agua. A partir de aquí, la glucosa sirve de fuente energética para todos los procesos que construyen la vida, entrando en ellos los átomos de hidrógeno.
En la descomposición de la materia orgánica el hidrógeno pasa de unas moléculas a otras, acabando a veces volviendo a ser agua en el sistema.
No obstante una pequeña parte se libera, especialmente en condiciones anaerobias (falta de oxigeno) y puede reaccionar o pasar a la atmósfera en donde puede a su vez reaccionar y formar agua o perderse en el espacio.
Esto explica como el planeta en estos miles de millones de años ha enriquecido su atmósfera con oxigeno, un gas que no estaba libre al principio. Es consecuencia del proceso de fotolisis de la molécula de agua, por lo que la Tierra desde entonces puede decirse que ha perdido agua por la pérdida de gas hidrógeno.
Un nuevo enfoque energético dirigido al consumo de hidrógeno (del color que sea) tendrá esta misma consecuencia de pérdida de agua del planeta. Pero ya no será natural sino artificial, culpa del ser humano. Esta es una significativa diferencia entre el ciclo del carbono y el del hidrógeno. El primero es un ciclo totalmente cerrado, mientras que el segundo tiene una pérdida irreversible.
Entonces,
si es dañino para nuestra supervivencia hasta el extremo de calificar de
emergencia climática el asunto de la emisión de CO2 .
¿Qué debemos pensar ante la pérdida de agua de nuestro planeta a consecuencia de nuestra política ambiental?
Nota
final:
Expuse
al principio que las hipótesis planteadas, al tratar algo tan complejo presenta
los mismos defectos que el planteamiento del Cambio Climático Global,
independientemente de toda la elaboración que tenga detrás. Entiendo que parece
despreciable el efecto de la pérdida de hidrógeno (por ejemplo), pero eso no se puede saber en realidad,
también es muy reducida la contribución de la quema de combustibles al proceso
del ciclo del carbono y se le ha dado una enorme importancia ambiental.


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